Hoy no estoy para nadie
Todas esas cajas contienen objetos perdidos en mi mente, casi olvidados por la frágil cápsula de mi memoria. Son textos, revistas, fotografías, son la efímera construcción de mi vida.
Y el extraño impulso que intenta jugar con ellos, hacerlos perdurables de algún modo, como el lúdico recurso de la escritura que apela a descifrarlos.
Todas esas cosas que podrían ya no estar allí, como tantas otras que ya no están, como esos seres entrañables que se fueron y sin embargo poseen su forma de existencia.
Esas cosas que uno conserva con algún vago pretexto y que habitan el territorio de lo inconluso, historias propias de un caballero de la vida nómade, que no se atreve a indagar en esas cajas por temor a sorpresas desafortunadas, o por el amargo sabor de la melancolía. Que solo se quita con un trago.
Inexplicable conservación de los recuerdos, efímera construcción del propio hábitat, esa monotonía recurrente de la que escapo a fuerza de aventuras, la luz que se filtra cada mañana, la misma imagen en el espejo cada día me ofrece una señal.
La desesperada necesidad de tener cerca las cosas preciadas, los pequeños tesoros personales, una idea desde hace tiempo, una palabra favorita, un amigo que llama de sorpresa, la imagen de lennon en la pared, el vaso de vino lleno.
Hoy, sin embargo, percibo la extrañación de todas las cosas.
Es que la muerte muchas veces deambula demasiado cerca. Y solo busca opacar el encanto secreto de todas las cosas.
Yo no le temo y la miro a los ojos, le advierto que acá está demás su visita, que ya puede seguir su viaje.
No existe el miedo si se puede despertar solo cada día y ver que esas cajas siguen allí. Porque son mi propia vida y descubro que mi camino todavía es largo, que todavía falta llegar mucho más lejos, porque de eso se trata.
Solo por hoy no quiero más tu visita. Dejame emborracharme tranquilo que necesito sentime vivo una vez más.